jueves, 21 de marzo de 2013

Garza, garcetas y cómo hacer la puñeta.

Hola amigos.
Tenía yo pensado contaros hoy mi segunda parte de los animales vistos en los territorios del lince, pero a veces las vida nos obsequia con espectáculos que, aunque cotidianos, no dejan de sorprendernos, y que deseamos compartir con quienes nos rodean.
Ya os he contado que vivo cerca de Salamanca. Pues bien, después de tantos y tantos días de lluvia, frío, viento, puramente invernales, llevamos un par de ellos con un tiempo más bien primaveral. 
Así que he aprovechado el sol para ir a dar algún paseo, cámara en ristre, por mi Salamanca querida. Entre estos paseos, decidí apostarme en el Puente Romano, y presencié el espectáculo que os cuento. 

Garza Real, oteando mientras se acercaba al dormidero
 A la caida del sol, un grupo de garcetas se fue acercando hacia unos altos árboles donde tienen su dormidero. De hecho, por eso me fui hasta esa zona, con el fin de observar el dormidero de garcetas y otro de cormoranes que está muy cerca de éste. 
Cuando las garcetas se estaban posando, apareció aguas arriba una magnífica Garza Real y, sin pensarlo dos veces, se abalanzó hacia el dormidero de las garcetas, dispuesta a compartir con ellas ese lugar tan privilegiado. Desde luego, no se le puede reprochar, desde esos árboles las vistas de la catedral y los restos de muralla deben ser magníficas...
Garza Real, acercándose a las garcetas.


 Pero, por lo visto, a las garcetas no les hizo ninguna gracia que haya una Garza en sus alrededores, así que se levantaron todas, montando una algarabía bastante considerable y se pusieron a perseguir a la Garza Real. 
Fue todo un espectáculo. La gente que paseaba por el Puente Romano, de repente detuvo su caminar y se pusieron a ver como una bandada de blancas garcetas perseguían a la Garza, y cómo, segundos más tarde, era la Garza la que daba la vuelta y volvaba detrás de ellas. 

Garza Real persiguiendo a las garcetas.
 
Al final, tras varios intentos de unas y otras por ocupar el lugar privilegiado entre los árboles, la Garza Real decidió abandonar su empeño y seguir aguas abajo, imagino que buscando un sitio con unos vecinos menos ruidosos... 

Garza Real (Ardea cinerea)

sábado, 9 de marzo de 2013

Territorios del Lince I

Hola amigos!
Sí, ya sé que hace tiempo que no subo entradas, pero en invierno el trabajo apremia y las ocasiones de fotografiar la naturaleza que nos rodea son pocas. Por si fuera poco, nuestros diminutos amigos no se dejan ver mucho, así que entre unas cosas y otras...
Hoy vuelvo con naturalezas no tan diminutas como las de costumbre, pero con la sensación acuciante de compartir con todos vosotros mi última visita... a los territorios del lince ibérico.
Recientemente, he estado en el terreno del lince, campeando por lo montes que él campea, recorriendo dia tras día a golpe de telescopio y teleobjetivo, los bastos territorios que él domina.
Porque el lince es, ante todo, un animal señorial, un "tío elegante", un señor de sus dominios, al que el paso elegante y seguro le confiere, si cabe, un aspecto aún más majestuoso de lo que uno imagina.

Lo primero que llama la atención, al llegar a sus territorios, es esto:

Señal advirtiendo de la presencia de linces.

 Sí, una señal advirtiendo del paso de linces. No en vano, muchos de ellos mueren en la carretera, atropellados. En esta noticia  podéis ver hasta donde puede llegar el atropello. Precisamente este tema de es una de las prioridades de este año en Doñana, como recoge el Plan de Trabajo del III Life- Lince, que quiere hacer también hincapié en los linces muertos por furtivismo, la causa más importante de las muertes junto a los atropellos.

Volviendo a mis correrías por los terrenos del lince, os contaré que hay dos cosas que me llamaron mucho la atención. 
La primera, como os decía, es pel propio lince, tan señorial, tan majestuoso, tan... lince. Estas fotos, excepto la última, pertenecen todas a un mismo animal, que fue el primero que nos salió al encuentro. Impresiona verlo aparecer, como de la nada, como si siempre hubiera estado allí, sabedor de su dominio sobre los terrenos.
Apareció, de la nada, como si siempre hubiese estado ahí...
Antes de ver el lince, habíamos observado multitud de conejos, su presa preferida. En algún sitio he leido que Hispania significa "tierra de conejos" y, realmente, cuando uno campea por estas zonas, se da cuenta de que algo de razón tienen quienes aseguran que así es. Este lagomorfo, que se encuentra ahora en una etapa de recuperación tras ser minado por las mixomatosis, fiebres víricas, etc, constituye entre el 80 y el 90% de la dieta del lince, de tal manera que la vida de nuestro felino va aparejada indefectiblemente a la presencia de este animal.

Nos ve, nos mira, pero sabe que está a salvo...
 Mientras avistábamos uno de los linces que tuvimos la enorme suerte de ver durante estos días, presenciamos un preparativo de caza. Un lince, acercándose tras una peña, subiéndose a ella, se agazapaba lentamente, sigilosamente, alcanzando el borde bajo el cual se encontraba, ajeno a todo, un simpático conejo. Pero, en esta ocasión, la caza fue truncada. Una urraca, compañeras inseparables y muchas veces avisadoras de la presencia del gran gato, se acercó hasta la peña emitiendo sus sonoros graznidos. Con ellos puso en alerta al pequeño conejo, que corrió como alma que lleva el diablo hasta guarecerse en su madriguera a pocos pasos. Son los linces cazadores de acecho, de manera que no persiguen largamente a sus posibles presas. Simplemente se acercan, saltan, lo intentan, y si el intento no da fruto, continúan su camino como si nada hubiera pasado.


Os contaba que había dos cosas que me llamaron la atención. Además del propio lince, la otra fue la gran cantidad de especies "emblemáticas" que pudimos ver en la zona. Es curioso como, a lo largo de los cuatro días que estuvimos oteando el terreno en busca del lince, pasamos a ver como una cosa "normal" el que una buitre negro, un águila real e incluso un águila imperial se cruzasen delante de nuestros objetivos una y otra vez. 

Lince en el que se aprecia el collar de seguimiento en su cuello

Sí amigos, sí. Hay fotos de todos ellos.
Pero eso será objetivo de la próxima entrada.
¡Hasta entonces!

viernes, 16 de noviembre de 2012

APARATOS BUCALES EN INSECTOS III


Pues hoy le toca el turno a las hormigas.
No ha sido fácil hacerme con estas fotos, porque son rápidas y escurridizas, pero espero que os gusten tanto como las anteriores entradas.
Lo primero que quiero contaros es que hay muchísimas, más de 10.000 especies a lo largo de todo el mundo. En los bosques tropicales, que es donde se encuentran la mayoría de ellas, pueden llegar a suponer el 50% de los insectos.

Hormiga. Obsérvese la separación del cuerpo en tres partes diferenciadas.
Pertenecen al orden de los himenópteros, compartiéndolo con las abejas o avispas. De hecho, se cree que las hormigas aparecieron por evolución de algunos animales similares a avispas existentes en el Cretácico, es decir, hace unos 120 millones de años.

Atrapados en el tiempo
Himenóptero en ámbar, probable antecesor de hormigas y avispas.

Centrándonos en su alimentación, deciros que algunas hormigas se han especializado muchísimo en lo que comen, de manera que unas cultivan hongos, otras almacenan una especie de miel dentro de su cuerpo, etc. Pero lo más común entre las hormigas es ser depredadoras, carroñeras o herbívoras.

Presentan un aparato bucal masticador, con un labio superior y uno inferior bien marcados y con unas mandíbulas sorprendentes por su gran fuerza. Estas pueden ser usadas como pinzas, cizallas, tenazas, sierras, cuchillos, etc. dependiendo de la especie. Por lo general, en la zona apical de la mandíbula (la más separada del cuerpo de la hormiga) aparecen dientes, existiendo un diente apical, que es el que sentimos cuando una hormiga consigue "mordernos"

Hormiga, en cuyas mandíbulas puede observarse el diente apical.
Es conocido que las hormigas prefieren los alimentos dulces. En cuanto encuentran alguno de ellos, tienen dos formas de llevarlo hasta el hormiguero. Si el alimento es sólido, lo transportan hasta el nido, normalmente enganchándolo fuertemente con sus poderosas mandíbulas. Si es líquido, lo ingieren y lo llevan hasta el hormiguero en su interior. Las hormigas tienen dos "estómagos" de tal manera que desde el primero de ellos pueden regurgitar el alimento una vez han llegado al nido y almacenarlo allí para su posterior uso.

Hormiga tomando un resto de bebia azucarada.
Y termino contándoos una curiosidad. Ya sabéis que las hormigas son insectos eminentemente sociales, llegando hasta extremos sorprendentes, como la situación que ocurre con una hormiga española. En Sierra Nevada existe una hormiga parásita, que asalta los hormigueros de otra especie de hormiga, a razón de cuatro veces por año, robando sus larvas y llevándolas hasta sus hormigueros. Una vez allí, cuidan de estas larvas y las convierten en sus esclavas. 

¡Hasta la próxima entrada!




jueves, 20 de septiembre de 2012

APARATOS BUCALES EN INSECTOS II


Hola amigos:
Después del descanso veraniego, es hora de ir retomando las "tareas" del invierno. Y esta es una de las más gratificantes, así que vuelvo a disfrutar de vuestra lectura, esperando que vosotros disfrutéis de nuevo con mis fotos y comentarios. 
Hoy les toca el turno a las libélulas. 

Libélula posada sobre una rama.
Lo primero que me gustaría contaros es que hay dos tipos de "libélulas", las verdaderas libélulas, y los caballitos del diablo. Distinguirlos es sencillo, mientras que los caballitos tienen las alas plegadas cuando se posan, de manera que quedan paralelas al eje mayor del cuerpo, las libélulas no pueden plegarlas, de tal manera que las dejan perpendiculares al citado eje. 

Caballito del diablo, con las alas plegadas.
 Además, los caballitos tienen los ojos separados a ambos lados de la cabeza, mientras que las libélulas los tienen juntos y en la parte superior. Si queréis saber más sobre estas diferencias, no dejéis de visitar esta entrada de nuestro blog amigo, De paseo por la naturaleza, donde estan detalladas. 

Ambos pertenecen al orden de los Odonatos, incluido dentro de los insectos. 

Libélula, con sus características alas en perpendicular.
Pero, nosotros a lo nuestro, que en este caso son los aparatos bucales. 
Antes os contaré que las libélulas son grandes depredadoras, presentando dos modelos de caza en el estado adulto. Por un lado, pueden acechar a la presa posadas e inmóviles. Obervarán el paso de la presa con sus grandes ojos y atacarán con un rápido vuelo hasta alcanzarla. Por otro lado, pueden atacar en vuelo, es decir, pueden pulular de manera constante por su territorio y hacer un vuelo rápido cuando aparece la presa en su camino. En ambos casos, se ha demostrado que las libélulas pueden emplear la ilusión óptica, es decir, que tienen una forma de volar que confunde a las presas, de manera que estas creen que la libélula es un objeto estático, mientras ellas se acercan a toda velocidad hacia el infortunado animal. 

Libélula.
Cazan y comen moscas, mariposas, hormigas, abejas, avispas, e incluso otras libélulas o caballitos del diablo, eso sí, siempre que sean de menor tamaño. 

Cuando son larvas, forma en la que pueden estar desde 6 meses a 7 años, pueden llegar a cazar incluso pequeños renacuajos. 

Libélula a punto de eclosionar.
 Su aparato bucal es de tipo masticador, al igual que el de los saltamontes. Os invito a retornar un momento a la entrada anterior, buscar la foto del saltamontes en el que están señaladas cada una de las piezas y compararla con esta foto de la libélula.


Para terminar, un regalito. Durante la estancia en Puebla de Sanabria tuve la oportunidad de encontrarme con un caballito del diablo que acababa de "cazar" una pequeña larva, así que aquí lo tenéis, sujetando su presa entre las fuertes mandíbulas, y disfrutando de su recién cazado almuerzo. 

Caballito del diablo, disfrutando de su presa.
Y con esta foto me despido. ¡Hasta la próxima entrada!

jueves, 2 de agosto de 2012

APARATOS BUCALES EN INSECTOS I

Hola amigos:
Durante estos días, he tenido la enorme fortuna de pasar un tiempo como monitor de campamento en Puebla de Sanabria, con unos chavales magníficos y un equipo de monitores excelentes. En las rutas que hemos hecho, así como en los alrededores del Lago de Sanabria, e incluso en las cercanías de la residencia en la que nos hemos alojado, he tenido la oportunidad de fotografiar un sin fin de detalles de naturaleza que me gustaría iros mostrando poco a poco (tengo material para una temporadita, jeje)
Voy a empezar con los aparatos bucales de los insectos, un tema impresionante por lo diverso y complejo, y que espero mostraros en todo su esplendor. 

Los aparatos bucales de los insectos están formados todos ellos por el mismo tipo de piezas, sin embargo estas se fusionan o combinan entre sí de diferente manera o cambian por completo su morfología, permitiendo la existencia de aparatos bucales muy distintos, adaptados a los distintos medios y diferentes modos de conseguir alimento. 
Estas piezas son:
Labro. Es el labio superior. Es el techo de la boca y tiene función gustativa. 
Mandíbulas. Son pares y se situan lateralmente bajo el labro. Su función es masticar, lacerar, triturar...
Maxilas. Pares, situadas tras las mandíbulas. Son piezas auxiliares durante la alimentación. 
Labio. Representa el suelo de la boca y contiene dos palpos labiales. 
Partes del aparato bucal de los insectos.
Estas partes, organizadas de diferentes formas, dan lugar a los tipos de aparatos bucales. Aunque hay muchos, podemos citar algunos más básicos, existiendo toda una gama entre ellos. 
> Masticador. Es el más generalizado en los insectos, de tal manera que el resto de aparatos se han desarrollado a partir de este. Aparece en ortópteros (saltamontes, grillos...) coleópteros (escarabajos) y larvas de lepidópteros (mariposas y polillas)
> Picador-chupador. Puede taladrar tejidos y chupar jugos. Se da en muchos hemípteros (pulgones, chinches, cochinillas). Funciona como una aguja hipodérmica.
> Masticador-lamedor. Típico de abejas y avispas. Con las mandíbulas masticadoras pueden agarrar presas y con el labio obtienen una estructura acanalada que les sirve para llegar hasta el nectar de las flores. 
> Chupador con espiritrompa. Presente en los lepidópteros adultos (mariposas y polillas) La espiritrompa funciona como una probóscide que permite succionar líquidos hasta el esófago. 

Saltamontes verde, vista lateral.
Por ser el más primitivo, hoy vamos a centrarnos en el aparato masticador, y en concreto en el de los saltamontes. Los saltamontes comen principalmente hierba, aunque en ocasiones pueden comer hojas de otras plantas, e incluso algunos frutos. Existe alguna especie de saltamontes que puede cazar otros pequeños insectos, pero esto solo lo hacen en caso de hambre. 

El aparato bucal del saltamontes, por tanto, es un aparato adaptado a la ingesta de hierba, de tal manera que su función principal es la de triturarla para que pueda ser perfectamente ingerida y digerida por el individuo. 

Tettigonia viridissima, vista frontal.
Como curiosidad, diremos que los saltamotes selecciona muy bien la comida antes de ingerirla, probando su estado con las antenas, en las que presentan papilas gustativas.

Os presento a un ejemplar del género Oedipoda (Oedipoda caerulescens) Es un saltamontes bastante común, que al volar despliega unas alas de color azul, lo que le hace bastante vistoso. Sin embargo, cuando está posado, se mimetiza bastante con el terreno, con lo que es mucho más dificil verlo. 

Oedipoda caerulescens

Este otro es del grupo de las langostas, y su nombre es Tettigonia viridissima, bastante más grande que el resto y de un color verde brillante. En la foto lateral se observan perfectamente los palpos maxilares.
 
Tettigonia viridissima, vista lateral.

 Y nada más por hoy. En breve volveré con otro grupo de insectos y sus bocas.





domingo, 15 de julio de 2012

MARIPOSA ÍCARO Y UNA SORPRESA...

Hola amigos:
Os presento a la mariposa ícaro (Polyommatus icarus), una mariposa diurna bastante común por toda la península, aunque no especialmente abundante. Os la traigo porque durante este curso me he topado con ella varias veces en las salidas al campo, si bien las fotos son de dos ocasiones en las que, por su peculiaridad, me pareció interesante fotografiarla. 

Polyommatus icarus
La primera de las ocasiones en las que nos encontramos, fue en las lagunas de Villafáfila, allá por el mes de marzo. Hacía frío, y la pobre mariposa estaba bastante quieta y aterida. Por eso pude cogerla con mucho cuidado, para poder sacarle una foto en la que se vieran bien las antenas.
Las antenas de las mariposas son todo un mundo. Algún día os hablaré de todas las funciones que encierran estos apéndices. A modo de avance, sí os contaré que les sirven de balancín cuando vuelan y que en ellas se sitúan los sentidos del tacto y del olfato de estos animales. 

Cabeza de mariposa ícaro.
Además, presentan notables diferencias entre las mariposas diurnas y nocturnas. 
Las mariposas diurnas, entre las que se encuentra nuestra protagonista ícaro, presentan las antenas siempre terminadas en una especia de maza. Además de esto, otra peculiaridad es que cuando descansan, sobre todo en su dormitar nocturno, cierran las alas plegadas, de manera que descansan con ellas en posición vertical. 

Antenas en forma de maza.
Las mariposas nocturnas, a las que llamamos normalmente polillas, presentan sus alas siempre horizontales cuando se descansan. Y, además, nunca tienen sus antenas terminadas en esa especie de maza que presentan las diurnas. En la mariposa nocturna que os enseño en la foto (hecha en Villardeciervos, Zamora, el año pasado) podéis observar como la mariposa tiene sus antenas en forma de pluma.

Antenas de mariposa nocturna, en froma de pluma.
Nuestro segundo encuentro se produjo hace unas dos semanas en Navasfrías, Salamanca, donde estuve pasando unos días con los alumnos, y con Bego, profe de prácticas, que nos acompañó durante la estancia. 
Uno de los días nos acercamos a ver las antiguas minas de Wolframio (una excursión, por cierto, muy recomendable) y allí, a la entrada de las minas, nos esperaba nuestra vieja conocida, la mariposa ícaro. 
Parecía otra que cuando nos vimos en Villafáfila, mucho más colorida y activa, por el calor (era uno de los días más calurosos de este año) y nuestra amiga ya no estaba medio adormilada encima de una planta aguantando el frío, sino que revoloteaba sin parar y se dedicaba activamente al apareamiento. En la foto que os muestro podéis ver a la mariposa ícaro apareándose, lo que nos permite observar la diferencia entre el macho y la hemabra (conocida como dimorfismo sexual) El macho es el ejemplar más azulado, mientras que la hembra presenta tonos más marrones. 

Macho (azul) y hembra (marrón) de mariposa ícaro apareándose.
El apareamiento de las mariposas se prolonga bastante en el tiempo, pudiendo pasar incluso de las 24 horas. Cada mariposa hembra se aparea una única vez en la vida, y parece que elije al macho no en función del tamaño (como se creía) sino en función del brillo de los dibujos de sus alas. Cuando se ha producido el apareamiento, la hembra pone los huevos en una planta específica, ya que la oruga solo puede alimentarse de ella (como las orugas de la mariposa de la seda, que se alimentan de hojas de morera...)


Volviendo a las minas de Wolframio, hoy os presento dos naturalezas dinimutas por el precio de una, jeje. 
A la entrada de una de las minas nos sorprendió la aparición de ¡UN MUSGO FLUORESCENTE! 
No sé si se aprecia bien en la foto, pero la visión era espectacular. Preguntamos al guía de las minas sobre qué podía ser lo que ocasionase ese fenómeno, pero nos dijo que no se sabía, y que los pocos que habían intentado darle una explicación no se ponían de acuerdo. Pudiera ser por el Wolframio (que se utiliza para fabricar tungsteno, el material con el que están hechos los filamentos de las bombillas) aunque en la mina también hay gran cantidad de arsénico que podría ser absorbido por los musgos. En cualquier caso, y aunque no tengamos lcaro el origen de esta maravilla, merece la pena acercarse hasta allí para disfrutarla.
Musgo fluorescente a la entrada de las minas.
 ¡Ah! Y ya que gran parte de las fotos de esta entrada están hechas en su compañía, permitidme que desde aquí les de un saludo a mis alumnos y les agradezca su buen hacer durante esos días, así como a Bego, nuestra nueva profe de Biología.

Y esto es todo, amigos, ¡hasta la próxima entrada!

jueves, 5 de julio de 2012

Encuentros esperados e inesperados...

Hola amigos!
De nuevo tengo que empezar esta entrada pidiendo un poco de perdón a Pepe, jeje, porque voy a inmiscuirme en su blog de "bichos grandes", pero sé que lo entenderá, sé que entenderá lo que disfruto con esta entrada, y lo que espero que disfrutéis vosotros. 
Dicho esto, os contaré que he estado unos días en Puebla de Sanabria, precisamente con Pepe, y que ayer me disponía a regresar hacia Salamanca... 
Salí de Puebla a eso de las nueve y media de la noche, y desde el principio tuve la sensación de que todo era perfecto a mi alrededor para ver "bichos" La luz perfecta, la temperatura perfecta. Solo había un problema... ¡Me había dejado la cámara de fotos en el maletero!
Aún así, como últimamente estoy cada vez más convencido de que salen más bichos cuanto menos equipo llevas (yo creo que nos vigilan...) pues decidí que la cámara se quedaba en el maletero...
Tras recorrer el tramo de autovía, y salirme a la carretera que va hacia Zamora, la sensación de que las cosas se movían a mi alrededor era indescriptible. Una de esas veces en las que sientes que la vida te rodea. Y aunque iba conduciendo solo, me sentía, de alguna manera, acompañado por la naturaleza hirviente a mi alrededor. Fue unos kilometros después, cuando aparecieron ante mis ojos...
Sí, amigos, cuatro ciervos pastando al lado justo de la carretera. Impasibles ante el paso de uno de tantos y tantos coches. 
Ràpidamente, mi cerebro funcionaba a toda velocidad. ¡NO PARES! Primero, para no asustarlos, pero sobre todo para no asustarme yo. Aunque la visión de cuatro ejemplares de ciervo sea todo un espectáculo, la prudencia y seguridad debe estar por encima de todo. Avancé por la carretera unos metros, me salí en una zona resguardada, saqué la cámara del maletero, monté el objetivo, preparé el equipo, y me di la vuelta, puesto que había visto que justo enfrente de donde se encontraban los ciervos pastando había una entrada donde podía dejar el coche fuera de la carretera. 
Así que, di media vuelta, avancé despacito hasta donde estaban, aparqué, saqué la cámara por la ventana y... comenzó el espectáculo. La luz ya no era muy buena, pero aún así me despaché a gusto con los cuatro ciervos.
En las fotos se puede apreciar que eran dos hembras y dos machos. Las hembras las de los laterales y los machos en el centro. Si os fijáis en las cornamentas de los machos, veréis que el de la derecha es un macho más joven, un vareto, ya que solo tiene una cuerna, por lo que probablemente tenga solo un año, mientras que el macho de la izquierda tiene ya al menos un par de años.

Las cuernas de este segundo macho no son totalmente simétricas, lo cual le podría traer problemas a la hora de luchar, aunque es posible que esos problemas no sean muy importantes, ya que las cuernas conocidas como "luchaderas" (las que se observan como más pequeñas en la foto y saliendo hacia adelante) están en su posición correcta. 
En fin, que los cuatro se quedaron mirándome, se alejaron un poquito, cosa que agradecí, porque estaban tan cerca que no me cabían todos en la foto y se quedaron un buen rato ahí, muy tranquilos, pues ante cualquier movimiento mío podían resguardarse rápidamente entre los árboles cercanos. Esperaron hasta que, minutos más tarde, volví a dejar la cámara, coger el coche y marcharme de allí. Ya os he contado que, a veces, uno siente que empieza a interferir demasiado en la vida de los bichos. Es el momento de marcharse... ya habrá otras ocasiones para el reencuentro...
En cuanto me marché, se acercaron otra vez a la zona donde estaban pastando, y siguieron allí, como si nada, sin saber que habían quedado inmortalizados y que hoy ocuparían este espacio...

Y, aunque no quiero enrollarme mucho, os diré que hubo algo que redondeó el viaje de vuelta cuando la noche tejió su manto. Sí, LA LUNA, esa luna tan maravillosa, a veces oculta, a veces tan presente, pero siempre ahí, siempre en su sitio, dispuesta a regalarnos instantes como estos...

Nada más salir, cuando parece un inmenso disco de fuego...
Un poco después, todavía anaranjada, pero ya recortada sobre el negro cielo...
Y al fin, cuando alcanza su cenit, siempre preciosa, elegante, nunca me canso de mirarla...
 Y esto es todo, amigos... ¡Hasta la próxima entrada!