sábado, 22 de marzo de 2014

ESPÁTULAS (y una sorpresa)

Hola amigos,
el Domingo pasado me acerqué a Villafáfila, junto a Pepe y Raquel, para observar una rareza de la que luego os hablaré. Entre otras cosas que observamos en las lagunas, llamó poderosamente nuestra atención un grupo de espátulas. 
Espátulas en Villafáfila.
 Así que bajamos del coche, montamos el telescopio y nos dispusimos a observarlas. 
No es frecuente encontrar espátulas en las lagunas, y cuando aparecen suelen estar poco tiempo en tierras Zamoranas. De hecho, parece que aquellas que aterrizan en las lagunas de Villafáfila no se quedan en ellas más que unas horas o, a lo sumo, un par de días, haciendo una parada en sus viajes migratorios.


Cuando se tiene la oportunidad de observar una espátula a una distancia relativamente cercana, lo primero que llama la atención es su pico. Además de ser bastante largo en comparación al tamaño del animal, está aplastado, y la parte final termina en un ensanchamiento, haciendo que el pico presente la forma tan característica que le da el nombre al ave. 
Con este pico "barre" la zona de aguas someras en las que se asienta, recogiendo cuanta materia viva encuentre a su alcance. Algas, pequeños peces, crustáceos, lobrices, insectos acuáticos... Todo es bueno para la alimentación de la espátula. 

Mientras estábamos observándolas, descubrimos que algunas de ellas estaban anilladas. Y cuando nos disponíamos a apuntar los colores de las anillas de sus patas, algo las molestó lo suficiente como para que, en grupo, iniciasen su vuelo. Pese a que en un primer momento esto nos fastidió, las espátulas se dirigieron precisamente hacia nuestra posición, lo que nos permitió observarlas más de cerca y en pleno vuelo.
Es un pájaro bastante silencioso, con un vuelo bastante lento, con batidos de alas muy regulares y con algún planeo ocasional.
Espátulas en vuelo, acercándose a nosotros.

Al acercarse, pudimos contemplarlas en toda su plenitud. La espátula presenta un plumaje blanco casi por completo, excepto las plumas de la base del cuello, que aparecen como de un color ocre amarillento. Las patas son negras, y el pico, también negro, presenta una parte final en forma de media luna (en la espátula) de color anaranjado-amarillento.


Tras un corto vuelo, el grupo volvió a posarse en la laguna y comenzó otra vez a comer sin prisa, con lo que pudimos dedicar otro ratito a intentar observar los colores de sus anillas. Pero al poco, otra vez se asustaron, tomando en esta ocasión un rumbo que les alejó de la posición en la que nos encontrábamos. Así que decidimos despedirnos de ellas por ese día y recoger nuestros bártulos.

Grupo de espátulas en vuelo.
Pero, aunque las espátulas no son fáciles de observar en las lagunas de Villafáfila, era otra cosa aún más extraña la que nos llevó hasta allí en esa mañana de Domingo. El efecto llamada de este día lo había hecho una pareja de animales que no aparecía en las lagunas desde el año 2002, en el que un juvenil estuvo varios meses en las lagunas del centro de interpretación.
Se trata de una pareja de flamencos. 

Pareja de flamencos.
Como tienen un tamaño muy superior al del resto de aves que suelen verse en el agua, los flamencos pueden identificarse a distancia, incluso sin ayuda de prismáticos o telescopio. Verlos fue una sensación magnífica, diferente, conscientes como éramos de estar obsevando algo que solo ocurre cada mucho tiempo. Si bien las fotos no son de buena calidad (estaban bastante lejos y el día era bastante malo para la fotografía) no puedo resisitir compartir una par de ellas con vosotros.

Los vimos en dos ocasiones, y en la segunda de ellas los flamencos levantaron el vuelo (hacía un día bastante ventoso y creemos que se movieron para ir a un lugar un poco más resguardado) ofreciéndonos imágenes bellísimas cuando pasaban por delante de alguna de las torres o palomares.
Con una de estas imágenes en vuelo y con la sensación de cosquilleo aún en mi interior, os dejo hasta la próxima entrada...
Flamencos en vuelo.
Sin duda, amigos, un día para recordar.
¡Hasta la próxima!





sábado, 8 de febrero de 2014

LAS GRULLAS (Grus grus)

Hola amigos:
Pocas aves son tan escandalosas cuando vuelan en bandanda como las grullas. Cuando uno se acerca a visitarlas, especialmente al amanecer o al anochecer, basta acercarse en silencio al lugar donde se encuentran para oír inmediatamente su trompeteo característico. 
Bandada de grullas en el azud de Riolobos
Eso, claro está, en la zona en la que nos encontramos, no ocurre durante todo el año, ya que esta especie habita únicamente en nuestro país desde finales de Octubre hasta dentro de unos poquitos días o semanas. Cuando el tiempo mejore, y la primavera se acerque, volarán a los países del norte de Europa, donde tienen sus zonas de cría. 
Parece que el número de grullas que visita nuestro país está en torno a los 100.000 ejemplares, por las citas que he podido encontrar. Yo, durante este invierno me he topado con ellas en al menos cuatro lugares de nuestra geografía: Villafáfila, en Zamora, la Laguna de la Nava, en Palencia, y el Azud de Riolobos y las dehesas de Galinduste, ambos en la provincia de Salamanca. 

Grupo de grullas en Galinduste
La grulla común es un ave del tamaño aproximado de una cigüeña (observad las fotos en las que ambas pastan juntas) con una altura que supera el metro y una envergadura que ronda los dos metros. No tiene dimorfismo sexual, por lo que no podemos distinguir los machos de las hembras cuando nos paramos a observarlas. Ambos tienen una plumaje color grisáceo, con plumas más oscuras en parte trasera y una cabeza en la que se el alternan los grises y negros, y en la que se observa una zona roja en la parte superior. Algo que me llamó la atención cuando observé las grullas por primera vez es que esta mancha roja situada en posición occipital no corresponde a un penacho de plumas, sino que es una zona en la que la piel de la grulla se encuentra completamente desnuda.

Grullas junto a una cigüeña
Cuando se observan en vuelo, al principio se podrían confundir con una bandada de gansos, pero enseguida uno se da cuenta de que son grullas, sobre todo por el trompeteo que suelen emitir continuamente, pero además, aunque las grullas también vuelan en forma de V, suelen romper y volver a generar esta formación con mucha más asiduidad que los gansos.

Grupo de grullas en vuelo.
Les gusta estar en zonas en las que el agua es abundante, y tiene especial predilección por zonas adehesadas cercanas a lagunas, embalses u otras acumulaciones de agua. Son omnívoras, pero fundamentalmente se alimentan de vegetales. En el caso del grupo de Galinduste, me llamó la atención verlas recogiendo y comiendo bellotas del suelo, caídas bajo las encinas. Las grullas que vi en la Laguna de la Nava, Villafáfila y azud de Riolobos estaban en campos de cereal ya cosechados, imagino que buscando algún grano perdido por el suelo, aunque también pudieran encontrar insectos, larvas e incluso algún que otro topillo o ratoncillo de campo.

Grullas en los encinares de Galinduste.
Y me despido contándoos que ahora, en Febrero, aunque las grullas todavía están en su lugar de invernada, es posible, en contadas ocasiones, observar su característico y espectacular ritual de cortejo, en el que realizan una especie de baile con pasitos muy cortos, recogiendo cosas del suelo y parándose en posturas en las que se quedan "clavadas" durante un tiempo.

¡Hasta pronto!







lunes, 25 de noviembre de 2013

ESFINGE COLIBRÍ

Hola amigos: 
Las fotos y el texto que os traigo hoy a la entrada son especialmente entrañables para mí, desde el punto de vista de mi relación con los "bichos" 
Desde pequeño me fascinaban casi todos los animales que encontraba en mi camino, pero algunos, como este, lo hacían de especial manera, probablemente por su "disfraz" que me impedía acercarme a ellos de un modo similar al que ahora lo hago. 
Recuerdo haber empezado a fijarme en la esfinge cuando tenía poco más de 6 o 7 años, en el jardín de la casa de mi abuela. Recuerdo un bicho que me llamaba la atención, mitad pajarillo mitad abeja, que no me dejaba observarlo con claridad por lo rápido que se movía y al cual yo no echaba mano ni en broma, porque estaba convencido de que "aquello" tenía que picar, y bastante. 

Esfinges colibrí libando de una flor de cardo.
Nada más lejos de la realidad. La primera vez que oí hablar de la esfinge colibrí decidí que, si aquello no picaba, yo tenía que tener una entre mis manos. No he vuelto a cogerlas, pero la sensación al tocarla por primera vez en su cuerpecito de polilla... 

 
En fin, a lo que vamos.
La esfinge colibrí debe su primer nombre al grupo al que pertenece. Es un lepidóptero de la familia Sphingidae. Vamos, una polilla de las de toda la vida. Bueno, de las de toda la vida no, porque tiene la particularidad, bastante rara entre las Sphingidae, de ser una polilla de hábitos diurnos.
Su segundo nombre lo debe a su particular vuelo. Se pasa el día libando nectar de flor en flor, y para ello puede detenerse en el aire, eso sí, batiendo sus alas a toda velocidad. Nada menos que unas 85 veces por segundo, que no está nada mal comparado con el resto de las mariposas (unas 12 veces por segundo)
Este vuelo y el hecho de libar nectar de las flores es lo que hace que  (como me ocurría a mí de pequeño) muchas personas aseguren haber visto en su jardín un colibrí. 

Puede batir sus alas 85 veces por minuto.
Tiene unos 5 cm de envergadura alar, y sus alas delanteras son pardas con lineas y puntos negros, mientras que las traseras son anaranjadas. El abdomen es bastante oscuro, con laterales blancos, y en la zona trasera posee unas sedas (especie de pelillos) que recuerdan las plumas de la cola de un ave. Utiliza esta cola como timón en sus vuelos, que pueden superar los 50 km/h y son de una precisión magnífica. 

El nombre de su género, Macroglossum, nos descubre una nueva característica definitoria de la esfinge, su larga lengua (Glossum es lengua en griego) Así, este lepidóptero posee una larga lengua (más larga que el resto de su cuerpo) que puede enrollar en espiral y le sirve para libar el nectar de las flores. Es decir, una espiritrompa. 
En esta foto se aprecia su larga lengua.
Puede libar de casi cualquier flor, pero prefiere las flores de stellaria (de ahí su nombre específico) y de verbena, salvia, romero...
Pero cuando pone los huevos, suele hacerlo sobre especies del género Gallum (el amor del hortelano) y sus larvas se alimentan de este género de plantas. 


Aunque es una mariposa migratoria, en nuestra zona podemos observarla casi todo el año, Eso sí, suele pasar el invierno en alguna grieta o cobijo, hibernando, y solo sale de allí algunos días en que las condiciones climatológicas son un poquito más agradables, en busca de un poco de alimento suplementario.


En fin, amigos, que ahora que sé que es una polilla, ahora que sé que no pica ni muerde ni es un bicho tan raro como parecía, se ha convertido para mí en un ser entrañable, que me recuerda aquellas tardes de verano en el pueblo, persiguiendo alguna de flor en flor, fascinado y maravillado por esa "rareza" de la naturaleza. 
¡Hasta pronto!


















domingo, 17 de noviembre de 2013

¿Quién llegó tras el lobo?

Cuando aparece un cadáver en la sierra, ya sea porque (como en este caso) ha sido comido por un lobo o por alguna otra razón, entran en juego los carroñeros. 
Los pobres carroñeros han gozado de muy mala fama entre los humanos. Sin embargo, llevan a cabo una labor fundamental, la limpieza del bosque. Son como un equipo de recogida que, actuando por turnos, deja limpio el monte de cualquier resto de animales que hubieran podido quedar por allí, con lo que evitan infecciones, malos olores, enfermedades, etc...
Cuando aparece un cadáver en el monte, los primeros en llegar son los córvidos (urracas, cuervos, etc) que se alimentan de las partes más blandas del animal. Como poseen plumas "brillantes", al descender sobre el cadáver generan unos reflejos que son vistos por el siguiente grupo en llegar: los buitres. Y a ellos va dedicada esta entrada. 
Existen cuatro aves en España que podemos considerar dentro del grupo de los buitres. Los buitres negros, los buitres leonados, los alimoches y los quebrantahuesos. 

Los primeros en llegar a la carroña sob los buitres negros. Tienen una gran envergadura y son de costumbres más solitarias que los leonados. Su fuerte pico les permite abrir la piel del cadaver, y no comen más que los músculos superficiales. 

Buitre negro en vuelo

No tienen el cuello tan pelado como los leonados, tampoco hunden tanto la cabeza en el cadáver. No les gusta mucho ser molestados, así que en cuanto llega el tropel de buitres leonados suelen marcharse. 

Buitre negro. Obsérvese el fuerte pico.
Los buitres leonados no pueden acceder directamente al festín. Necesitan que otro animal rasgue la piel del cadáver para poder empezar a alimentarse. Generalmente es un buitre negro, como comentaba antes, quien hace este trabajo, pero en ausencia de éste, deben esperar a que lo haga un zorro, un lobo o, como me comentaba no hace mucho un compañero de Huesca, el propio alimoche, que veremos que suele acceder más tarde a la carroña. 
Buitre leonado en vuelo
Los buitres leonados suelen encontrarse planeando, aprovechando las corrientes térmicas, en busca de carroña de la que alimentarse. Cuando observan, por ejemplo, los destellos indicativos de las urracas o cuervos, se lanzan hacia el suelo desarrollando un vuelo especial, que es visto por los buitres leonados de los alrededores, que se dirigen rápidamente hacia la zona. Esta es la causa de que suelan juntarse muchos buitres ante un solo animal muerto. 
Buitre leonado
La cabeza pelada les permite acceder mejor al interior del animal, y comer casi todo lo que encuentran a su paso, vísceras, restos de carne, etc. 

Los alimoches que están por la zona (en caso de que los hubiera) se acercarán al cadáver tras los buitres leonados, y comerán la carne pegada a los huesos o los restos de carne que les hayan dejado. 

Alimoche (Arribes del Duero)

El alimoche no solo se alimenta de carroña, sino que en muchas ocasiones come también huevos, etc. Es una de las pocas aves (sino la única) que utiliza herramientas en su alimentación, ya que para abrir los huevos grandes emplea piedras que deja caer desde cierta altura.

Alimoche

Y, por fin, si estamos en una zona en la que existan quebrantahuesos (ahora mismo en la península esto ocurre casi únicamente en pirineos) esta ave llegará en último lugar, aprovechando para su alimentación los huesos del animal.

Quebrantahuesos en vista lateral.
 Si estos son demasiado grandes, los dejará caer sobre las piedras para fracturarlos. Esta práctica no la realiza para comerse el "tuétano" (como se podría llegar a pensar) sino para fraccionar el hueso en trozos más pequeños, que puedan ser ingeridos. 
Quebrantahuesos (Pirineo oscense).

 Y así, amigos, llegamos al final, en el que varios carroñeros se han aprovechado de los restos del animal muerto y el bosque vuelve a quedar limpio, comenzando otra vez toda la historia quizá en un lugar cercano. 
¡Hasta la próxima!

miércoles, 7 de agosto de 2013

En un lugar de Zamora...

...de cuyo nombre no quiero acordarme, he vivido este fin de semana una de esas experiencias tan asombrosas y gratificantes que uno siente que no se borrarán jamás de su retina o que, al menos, tardarán en hacerlo. 
Todo comenzó el sábado por la mañana, cuando me encontraba (junto a Pilar y Pepe) en plena observación de una zona de gran riqueza paisajistica y faunística de la provincia de Zamora. Los ciervos, corzos y algún que otro milano campaban a sus anchas cuando apareció él, tan elegante y majestuoso como siempre. ¡Allí estaba! El lobo. Y estaba junto a un ciervo de grandes dimensiones, lo que nos produjo un nivel aún mayor de excitación. Pronto nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo. El lobo se acercaba al ciervo y volvía a alejarse, intentaba buscarle los flancos, la parte trasera, lo rodeaba... Se les notaba cansados a ambos, muy cansados. Tanto que, el lobo, jadeante, se retiró unos metros y se tumbó entre unos brezos a descansar. El ciervo no podía más, daba unos pasos y se volvía a parar, se notaba que le costaba avanzar. El lobo volvió a levantarse y nos obsequió con una de esas imágenes impactantes de las que os hablo. Se paró frente al ciervo y así, cara a cara, frente a frente, estuvieron durante unos pocos minutos, quizá nada más uno, pero que a nosostros se nos hicieron interminables. Todos estábamos en silencio, con la sangre helada en las venas. El lobo, poco después, volvió a retirarse a los brezos y se tumbó, desapareciendo de nuestra vista.
Ciervo y lobo, mirándose frente a frente.
Tras un corto lapso de tiempo, un segundo lobo apareció por el flanco contrario. En ese momento el ciervo pareció recobrar algo de fuerza y el primer lobo volvió a la carga. Entre los dos, lo fueron azuzando y lo condujeron y persiguieron pendiente abajo. El ciervo coceaba, alguna de sus patadas alcanzó a uno de los lobos, se volvía de vez en cuando, intentaba hacerles frente. Así, con los dos lobos pegados tras él, llegó hasta los árboles que guardan el arroyo en el fondo del valle, momento en el que todos ellos, ciervo y lobos, desaparecieron de nuestra vista.
Ciervo corriendo pendiente abajo, con el lobo tras él.
 Nos miramos unos a otros y comenzamos a pensar y a elucubrar sobre lo que había pasado, sobre si los lobos acabarían con el ciervo, sobre lo grande que era... Pero la mañana había llegado a su punto de más calor y, de alguna manera, sabíamos que tendríamos que esperar la respuesta.
Lobo persiguiendo al ciervo.
Volvimos por la tarde, cuando el calor dejaba ya de apretar, y con la primera vista, comprendimos lo que había pasado. Sobre unas rocas cercanas, inmóviles pero majestuosos, imponentes en su porte, un grupo de buitres leonados y algún que otro buitre negro nos indicaban que el ciervo había sido derrotado. 
La tarde fue un ir y venir de buitres, cornejas, urracas, cuervos, e incluso un águila culebrera que se encontraba en las cercanías. Y cuando la tarde tocaba a su fin y anochecía los lobos volvieron a hacer su aparición en un claro cercano. El volumen de sus barrigas confirmaba que habían dado caza al ciervo. Estaban hartos de carne y no dudaron en tumbarse en el claro para hacer la digestión. 
Cuando cayó la noche y ya no se podía ver nada más, recogimos nuestras cosas y regresamos, prometiéndonos a nosotros mismos que estaríamos de nuevo allí con las primeras luces.
Y así, llegó el Domingo, pero eso amigos, será contado en la siguiente entrada. ¡Hasta pronto! 

(Las fotos de esta entrada no son de gran calidad, son meramente testimoniales. Motivo: estábamos situados a 1 km de distancia, desde un lugar en el que poder observar sin molestar, que es siempre nuestro primer y más importante objetivo)

martes, 4 de junio de 2013

COLIRROJO TIZÓN

Hola amigos!
Vuelvo para contaros una historia que ha sucedido muy cerquita de mi casa durante estos días, y que he tenido oportunidad de seguir de cerca día a día durante este tiempo. 
Todo empezó hace unos días, cuando al salir a la galería tras la cocina comencé a oír un fuerte piar de unos pollitos, y deduje que algún nido había sido instalado por los alrededores. 
Rápidamente cogí una escalera, la cámara de fotos, y salí de casa en busca de aquellos guerreros pollos que alteraban el silencio del edificio. No tardé en encontrarme con esto...

Pollos de colirrojo en el nido.

Aunque gracias al teleobjetivo pude sacarles fotos desde una distancia suficientemente prudencial, al verme aparecer se agazapaban tras la paja del nido y se quedaban callados hasta que yo volvía a bajar la escalera y desaparecía. Ese primer día aún no localicé a los padres, aunque suponía que el nido pertenecía a una pareja de colirrojo tizón (Phoenichurus ochrurus) que llevo viendo todo este invierno por los alrededores de la casa. Sin embargo, los que había cerca en ese momento, expectantes ante lo que ocurría, eran una pareja de pardillos (Carduelis cannabina) que llevan también un tiempo merodeando por el jardín.

Macho de pardillo
 
Hembra de pardillo

Dejé pasar tres días sin acercarme, pues no quería alterar la paz y el crecimiento de los polluelos. Al tercer día, cuando estaba subiendo la escalera, lo primero que hice fue constatar que el nido era de colirrojo tizón, y no por los pollos, sino porque la madre, al verme, empezó a llamarme con un fuerte canto buscando desviar mi atención. Y sí, la desvié, para hacerle ver que no iba en busca de los polluelos, así que la seguí durante un rato, dejando que ella me alejase del nido. Mientras tanto, aproveché para hacerle unas cuantas fotos. Aquí la tenéis, así de bonita...

Hembra de colirrojo

Tres intentos de despiste después, encontré lo que estaba buscando. Mientras la hembra de colirrojo intentaba distraerme, el macho, situado sobre una farola cercana, estaba presto para acercarse al nido a llevarles comida a sus polluelos. No me quitaba ojo de encima, pero en este caso estaba suficientemente callado y quieto como para no llamar la atención...

Macho de colirrojo con una presa en el pico.

No quería molestar, así que me retiré al interior de casa, para dejar al macho que se acercase con la presa a dar de comer a los polluelos, y esperé unos minutos antes de subirme otra vez rápidamente a la escalera, cámara en ristre y sacar fugazmente la foto de dos polluelos ya creciditos, que me miraban con ojos saltones esperando mi próximo movimiento.

Polluelos de colirrojo.

Un par de días más tarde, me encontré con uno de ellos en el suelo, haciendo cortos vuelos ante la mirada atenta de sus padres. Otra visita fugaz, otra vez a una distancia prudencial para no molestar, gracias al teleobjetivo. Y otra vez el polluelo percatándose de mi presencia, pero permaneciendo quieto, como posando para permitirme hacer la foto, antes de marcharme para casa y dejarles con su vida y sus clases aceleradas de vuelo...
 
Polluelo ya volandero de colirrojo.
Y, qué deciros... Que hace ya tres días de esto, y que a los polluelos no los he vuelto a ver. Pero sé que siguen por ahí, intentando crecer y acostumbrándose a la vida fuera del nido... pues varias veces, la última hace apenas una hora, he vuelto a ver al colirrojo macho piando, buscándolos, con una pequeña presa en la boca, deseoso de alimentarles y de verles, por fin... ¡VOLAR!

¡Ánimo, polluelos! Y bienvenidos a esta linda primavera...




miércoles, 24 de abril de 2013

Explosión primaveral...

Definitivamente... ¡ayer fue un buen día!

Estuve dando un paseo por Villardeciervos (Zamora), con Pepe, amigo con quien comparto la pasión por la naturaleza. Fue un buen día, en el que pudimos observar una vez tras otra esa explosión primaveral que nos acompaña desde hace unos días. Primavera que también le ha llegado a mi movil, que ha decidido dejarme sin guasap, internet y todo lo que no sea recibir llamadas... pero esto es otra historia. El caso es que qué mejor manera de aprovechar el 23 de Abril, fiesta de la Castilla y León, y día del libro que haciendo una buena lectura de la naturaleza de nuestra comunidad...
Como os decía, las explosiones de vida y renacimiento natural nos salpicaron durante todo el día. Dejaré para otras entradas las explicaciones pormenorizadas de algunos de estos integrantes, puesto que hoy mi intención es que disfrutéis de todos ellos en conjunto, al igual que yo lo hice.

Nada más comenzar el paseo, nos encontramos con un petirrojo. Primero, en medio del camino, dónde suela salir para observar quién merodea en su territorio, y desde donde emite sus voces de alarma, esos chip-chip metálicos tan característicos. Luego, subido en una rama, alegrando la mañana con sus trinos.

Petirrojo (Erithacus rubecula)

Y, enseguida, nos llamó la atención un pequeño pajarillo que subía correteando por el tronco de uno de los robles. Un agateador común. A él dedicaré mi próxima entrada, puesto que estuvimos un buen rato observando como traía ramitas y pequeños fragmentos de hojas, pelo, etc hasta su nido, escondido dentro de una de las grietas de un roble.
Agateador común (Certhia brachydactyla).
Poco más adelante, y una vez que nos pudimos desembelesar del pequeño agateador, nos salió al paso una curruca capirotada, que no se entretuvo mucho en nuestra presencia. Era un macho con su característico píleo negro (si fuese hembra lo tendría rojizo) Nos miró, dudó un poco, y se marchó volando con viento fresco, hacia otros lugares.

Curruca capirotada (Sylvia atricapilla).
Así que les tocó el turno a los herrerillos. Primero un herrerillo común se asomaba desde una rama, cercano a nosotros, pero empeñado en esconderse, tan coqueto él, para no dejarnos hacer una foto decente. Aún así, aquí lo tenéis, con su antifaz, escondido tras unas ramas, parece un ladronzuelo al acecho de un buen botín.

Herrerillo común (Parus caeruleus)
Cerquita de él estaba el herrerillo capuchino, saltando de una rama a otra con su característico capirote. De colores mucho más blanquecinos que su homónimo, la cresta le delata desde casi cualquier punto de vista.

Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus)
Caminando un rato más, nos encontramos con un pequeño constructor de nidos, un carbonero garrapinos, que estaba estableciendo su hogar entre las grietas de unas piedras, y lo estaba acomodando con pequeños trocitos de lana que traía de las cercanías.

Carbonero garrapinos (Parus ater)
 Y, ¡cómo no!, no podía faltar el pequeño jilguero, subido en esta ocasión a un precioso cerezo en flor.

Jilguero (Carduelis carduelis)
No todo fueron pájaros. Durante la tarde, y mientras nos adentrábamos en un pinar cercano, pudimos ver un ciervo. Con la nueva cuerna que le está creciendo ahora, tendrá que enfrentarse a otros machos por el dominio de sus territorios y por el apareamiento con las hembras disponibles.

Ciervo con los primordios de la cuerna cubiertos de borra
Salimos otra vez al claro y... ¡ya están aquí! Llegados con los primeros calores de la primavera, los abejarucos vuelven a pasearse entre los campos con sus vistosos colores. Este en concreto estaba, en el momento hacer la foto, regurgitando los restos de los artrópodos comidos (el esqueleto externos de estos, de quitina, no se puede digerir) en forma de una pequeña egagrópila.

Abejaruco (Merops apiaster)
Y, por último, ya hacia el final de la tarde, encontramos un grupo de piquituertos (podéis ver en la foto una hembra con el característico pico curvado) merodenando por el pinar. El pico "tuerto" les permite acceder perfectamente al interior de las piñas (ayer pudimos comprobarlo fehacientemente durante un buen rato)

Piquituerto (Loxia curvirrostra)
Y aquí termina el paseo, y la entrada. ¡Hasta la próxima!